miércoles, 25 de agosto de 2010

Efebos

Pasada una edad,
en la hora del vino y los relojes,
un muchacho de quince, de dieciséis
o diecisiete años
se nos puede antojar fruta amable, agua tibia;
hacernos arder de sed, hacernos
gemir blandamente.

Es obligado entonces contener el deseo
con muros de hormigón, pantanos,
presas hidráulicas:
más bellos son los ríos que se contemplan a la orilla.

Es obligado decir no a esas prendas
y ver luego cómo se queda el corazón
atribulado y viejo.

3 comentarios:

  1. Excelente tu blog. Enhorabuena, buen trabajo

    ResponderEliminar
  2. Otras felicitaciones por tu blog y tu poesía (gracias por compartirla). Con tu permiso, te enlazo.

    ResponderEliminar