miércoles, 25 de agosto de 2010

Efebos

Pasada una edad,
en la hora del vino y los relojes,
un muchacho de quince, de dieciséis
o diecisiete años
se nos puede antojar fruta amable, agua tibia;
hacernos arder de sed, hacernos
gemir blandamente.

Es obligado entonces contener el deseo
con muros de hormigón, pantanos,
presas hidráulicas:
más bellos son los ríos que se contemplan a la orilla.

Es obligado decir no a esas prendas
y ver luego cómo se queda el corazón
atribulado y viejo.

15 juillet

El poeta sabe; por eso,
espera.
Espera con la calma de quien ya ha visto amanecer
todos sus días

pero su temple es falso,
es todo pluma y pompa,
vacío,
agua